03 septiembre 2005

Camino del alba

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Mi cuerpo y mi alma han sucumbido a la noche.

Llega entonces tu sonrisa envuelta en caricias amantes. Miro tus ojos y contemplo en ellos el reflejo de mis labios sedientos.

Se acerca tu boca y permanezco en ella mientras tus manos recorren las veredas estelares de mi cuerpo. Es un recorrido lento y suave, te detienes en un recodo del camino, sonríes y tomas mi mano.

Huimos juntos por esa grieta del tiempo, se ha detenido el aire. Contempla celosa la noche anhelante nuestras sombras amantes.

Somos uno en ese abrazo infinito compartido desde más allá del tiempo, somos uno en esa sonrisa que ilumina la distancia y que nos muestra el camino, somos uno en esa caricia interminable que nos habita, somos uno en ese relámpago que antecede al trueno.

Nos miramos, nuestros ojos de noche reflejan estrellas fugaces; sonreímos, nuestros labios exhaustos ensayan un último beso. Es la hora, susurra la noche extasiada.

De la mano de nuevo emprendemos viaje, no sin antes entregarle a la luna un último abrazo cómplice. Juntos, dirigimos nuestros pasos hacia el horizonte. Juntos, avanzamos camino del alba.

24 agosto 2005

Lágrimas de fuego

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(Fotos del monte Pindo antes y durante el fuego que arrasó sus entrañas en estos últimos días)

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Dicen que ...

"El Monte Pindo es una impresionante mole de granito rosa que se alza sobre el pueblo de O Pindo. La ascensión de dificultad media perfectamente señalizada se hace en unas dos horas y media. Durante esta subida, se pueden contemplar enormes piedras de las más variadas formas, así como especies únicas de flora y fauna. Su punto más alto, la Moa, está situado a 627 metros de altura. Desde allí, se observa una impresionante vista de toda la Ría.

Considerado Olimpo Celta, su historia está llena de leyendas de tesoros, ritos de fecundidad y sacrificios, y testigo de cultos paganos como demuestra la existencia de una inscripción de excomunión. Durante la Guerra Civil y posteriormente a la contienda, multitud de republicanos se refugiaron en él.

En el Siglo X, por orden del Obispo Sisnando, se construyó el Castillo de San Jorge en la falda del monte, para proteger las tierras de los ataques de los piratas medievales. Diversas familias nobles de Galicia fueron sus dueños hasta que fue destruido en el año 1467 por la revuelta de los Irmandiños.

La subida comienza en la parte posterior de la Iglesia de San Clemente. Allí podemos ver el panel explicativo de lo que nos espera en la subida. Comenzamos la subida, cruzando un pequeño puente sobre un riachuelo y continuamos por un camino estrecho limitado a ambos lados por hileras de piedras. Estas piedras, a la vez que subimos, se vuelven más grandes dibujando formas antropomorfas. A la derecha podemos contemplar la impresionante playa de Carnota y la aldea de Quilmas.

Hacia la mitad de la subida, aparece ante nosotros las ruinas del antiguo castillo de San Jorge, en la actualidad un montón de piedras apiñadas. La vegetación comienza a escasear y, si tenemos suerte, podemos ver manadas de caballos salvajes.

Cuando llegamos a la cumbre, el espectáculo que se nos presenta a la vista compensa todo el esfuerzo realizado: toda la ría se encuentra a nuestros pies. Desde este promontorio divisamos Cabo Finisterre, la Ría de Corcubión, la desembocadura del Xallas y las poblaciones de Carnota y Quilmas. En la inmensa mole granítica que forma la Moa podemos contemplar restos de petroglifos probablemente dedicados a la realización de ritos sagrados."

Al contemplar estos días esas llamas sangrientas devorando el monte, al pensar en posibilidad real de que sean manos humanas las que hayan provocado esas lágrimas de fuego, al ver tanto dolor en las entrañas de la tierra, he recordado un hermoso poema de Rosalía de Castro, titulado: Una sombra tristísima, indefinible y vaga ...

Una sombra tristísima, indefinible y vaga
Como lo incierto, siempre ante mis ojos va
Tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,
Corriendo sin cesar.
Ignoro su destino...; mas no sé por qué temo
Al ver su ansia mortal,
Que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.

21 agosto 2005

Dame tu libertad

  Ornament

(Dame tu libertad - Pedro Salinas)

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Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.

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(Ilustración aquí)

16 agosto 2005

El descubrimiento del cielo

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(“El descubrimiento del cielo”Harry Mulisch)

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“ ... Se habían encontrado, ése era el momento. ¿Lo sabían los dos? Habían tendido un puente con cuatro palabras. Max sabía que Onno lo había calado como nadie hasta la fecha, y Onno, a su vez, se sentía comprendido por Max, pues su ironía agresiva no había encontrado la resistencia habitual, sino que había sido recibida con una sonrisa que tenía algo de invulnerable. Se habían reconocido ...”

“ ... La pregunta sobre lo que había entre ambos sólo se la plantearían más tarde, cuando ya no quedase nada, cuando todos aquellos días confluyeran en su memoria en un solo día enteramente inolvidable. Onno sabía que incluso los griegos, que habían sentado las bases de la cultura occidental, carecían de la palabra “cultura”. Las palabras sólo surgen cuando su referencia ha desaparecido ...”

“ ... Como todo ser, una letra tiene un cuerpo y un alma. El alma es lo que dice, y elMulisch_1  cuerpo es de lo que está hecha, de tinta o de piedra ...”

“ ... Cuando estás despierto no se puede demostrar que no estés soñando, porque a  veces, cuando sueñas, también se puede estar seguro de estar despierto y de no estar soñando. Por lo tanto, si la realidad podía ser un sueño, ¿no podía entonces un sueño hacerse realidad?”

“ ... Quizá todo el mundo tuviera una determinada función en su existencia con la que su vida adquiría sentido. Igual era algo muy insignificante, como por ejemplo ayudar a alguien sin que esta persona te lo pidiera o lo supiera. De hecho, todo el mundo debería investigar su pasado para comprobar si algo así ya había sucedido alguna vez; y si no ya sería hora de que empezara a suceder ...”

10 agosto 2005

Sé que el amor existe

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Abres los ojos. Silencias. Es la noche

complicada de estrellas y conjuras mentales.

Cierras los ojos. Sonríes. Es el canto;

El día que transcurre por los labios indecisos.

Me matas. Es la vida.

Te mueres. Es un ala.

Cualquier palabra sirve para nombrar el prodigio.

En los magnéticos campos, vas y vienes sin moverte,

vienes y vas alternante, dando así a la luz los misterios.

Abres los brazos. Me entrego.

Cierras el fruto. Lo muerdo.

Abres la música y vuelan entre palmas mis latidos.

O te cierras, y son sierpes

en la aurora inacabable de las metamorfosis.

Abres. Cierras. Apretado

el fruto es comestible, y erótico, y violento,

y horrendamente arcaico. Y sagrado, por arcaico.

Cierras. Abres. Te declaro, por alegrías variando,

con voz pública y escándalo.

Sé que nadie nos perdona. Que desafío, si canto.

Que la dicha es un pecado.

Vivir hacia delante mientras la vida crece,

no pensar que te acechan, hipnóticos, los iris

de los céntricos ojos de la muerte,

creer que por feliz, limpio, alígero, indemne,

transcurres inocente,

es ignorar que nunca se perdona al dichoso,

que amar es siempre dolo.

¡Cómo brillan en la mina los tesoros,

las áureas tormentas

contenidas en un grano de ira y oro!

¡Cómo acaban

en cabezas de muerto los espigados gozos

y las fúlgidas sumas del maquinal insomnio!

¡Cómo somos uno en otro, sin razón, corazonados!

No se debe (tiemblas, abres),

no se puede (cierras, dueles),

no se quiere luchar, sólo se quiere

conservar ese cuerpo felizmente evidente,

esos ojos, esos labios, esos brazos

secretamente envolventes,

sintiendo mansamente que allí acaba la muerte.

Puestos los guantes de llamas

se tocan limpiamente los turbios sentimientos.

Puesta en sí la mirada,

Se ve sólo el amor; La vida clara;

Otros ojos reales; un orden de distancias.

Y no se pide más.

Se piden simplemente las materiales magias.

Nada más (¿será mucho?),

nada menos que vivir lo total en el momento

como todos podemos vivir, como besamos,

como amamos y erramos luminosos,

como yo, por ti, contigo, puedo y hago,

pese al mundo que nos burla y nos desgarra,

pese a todos los que llaman cinismo a mi inocencia.

Abres los ojos. Te miro sin acabar de encontrarte.

Cierras los ojos. Te envuelvo, muriéndome por dentro.

Pones la noche. Te pienso.

Pones el día. Te espero.

Y en esta vida me cumplo, madurando con lo triste.

Y aunque todo parece mentira, yo te creo.

Sé que el amor existe.

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Gabriel Celaya (1911-1991)

(Ilustración: Kitagawa Utamaro)

03 agosto 2005

Donde da la vuelta el aire

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(Dedicado a Carmiña y a Mari, mis hermanas; dedicado también a Mad, mi sobrina; y sobre todo a Ella, nuestra madre, su abuela)

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Ellas estuvieron de nuevo en ese lugar mágico donde da la vuelta el aire. Regresaron allí después de algún tiempo de ausencia, deseaban volver a aquel lugar con Ella, aquella anciana de rostro hermoso, de huesos inquebrantables, de voluntad de hierro: la gallega incombustible, la había denominado un amigo hace ya tanto tiempo.

Fue un largo viaje de ida en el que empezó a asomar el fantasma de lo inevitable, sombras de noche cubrieron de pronto sus ojos luminosos, lenguas de fuego bailaron fugaces en el horizonte de su cordura. Gotas de lluvia empezaron a caer sobre su alma a medida que se acercaban a aquella tierra donde todas ellas, de un modo u otro, habían nacido.

Juntas, como no lo habían estado en años, la cuidaron con toda la entrega que siempre tuvieron de Ella: apartaron las pesadillas de sus sueños, ahuyentaron a sus fantasmas, enjugaron sus lágrimas, esas lágrimas tardías que jamás habían visto asomarse a sus ojos castaños, regaron su sonrisa y acompañaron sus pasos cansados.

Juntas, como no lo habían estado en años, recordaron infancias, temores, sonrisas, paisajes, murallas de piedra, murallas de miedos, horizontes de luz, dolor infinito, abrazos interminables, trenes sin regreso, amores, errores, ausencias, la vida vivida entre ellas, sin ellas, con Ella.

Llevándola de la mano, como a una niña, le mostraron paisajes conocidos que Ella había olvidado, recordaron para Ella sus recuerdos, esos que la nube implacable de los años cumplidos se empeñaba en ocultar una y otra vez. Sentadas a los pies de su cama, arroparon sus despertares, llenaron sus ausencias de memoria con palabras envueltas en caricias, con abrazos envueltos en palabras.

El regreso fue un largo viaje de vuelta en el que las sombras se hicieron más fuertes, más poderosas. Lágrimas de fuego recorrieron las entrañas de su pensamiento y la cordura derramó tan sólo unas gotas de rocío en el triste despertar de su mirada.

Si es cierto que nadie muere mientras viva en el recuerdo de seres que lo hayan amado, también debe ser cierto que uno empieza a morir cuando deja de recordar, cuando sus recuerdos son una noche oscura poblada de luciérnagas que vuelan sin rumbo dentro de un laberinto imposible.

Una parte de Ella, una parte de todas ellas, se quedó para siempre en aquel lugar mágico y galaico, en aquel punto sin retorno, donde da la vuelta el aire.

“Nadie debería llegar a viejo”, dice Ella desde sus casi 92 años. Ellas, “as suas pequenas”, han comprendido al fin la verdad de sus palabras.

21 julio 2005

No te salves

Vacio

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

(Mario Benedetti)

15 julio 2005

Distancia

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Quise detener el tiempo en el umbral de la aurora de tus ojos

Quise encarcelar mis sueños en la lejana noche de tu pensamiento

Quise recorrer contigo el eterno crepúsculo de tus labios en fuga.

Y amanecieron tus ojos sin recorrer apenas la línea de mi horizonte

Y anocheció en tu mente sin que mi dolor pudiera cobijarse en ella

Y huyeron tus labios hacia auroras lejanas sin apenas rozar mi sombra.

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08 julio 2005

Ecología Humanista y Ecología Misantrópica

Tierra

De un blog cercano, muy cercano: Trek_Log rescato una joya publicada en el día de hoy y que suscribo de principio a fin. Agradezco a Bel que me haya permitido publicar este texto aquí.

Ecología Humanista y Ecología Misantrópica

Hay términos que cuando superan su etapa de consignas insurrectas, protestantes, exfoliantes y arrabalescas para convertirse en aceptadas ideas colectivas, poco menos que en instituciones terminológicas... es que dan grima. De hecho no hay estandarte que se libre de esta degradación porque, al fin y al cabo, es característico del hombre, cuando decide afrontar un cambio necesario, no cambiar más que el nombre a sus perdurables canalladas.

    Uno de los términos de moda, de las consignas que acaba de culminar su tránsito de lo insurrecto a lo institucional, es la palabra “ecológico”. “Ecológico” vende. Vende más y más caro, y no me refiero precisamente a los productos alimenticios. Vende imagen: de modo espontáneo, uno tiende a ver con simpatía al político que cruza la ciudad en bicicleta y planta arbolitos en las esquinas de las calles... aunque, por supuesto, sólo va en bicicleta para que le hagan la foto y sólo planta arbolitos el día de la susodicha foto callejera. Y hoy en día no hay que ser de los Verdes para andar en bici plantando arbolitos: hasta el chulo más detestable del ya de por sí despreciable gremio político se declara defensor del medio ambiente y amante de la Naturaleza. Le va la imagen en ello, y ¿qué es un político sin imagen? ¿Qué es un político, sino imagen?

    Naturaleza: he aquí un término nada sencillo; un término huérfano, en el discurso ecológico general, de una definición congruente. Un término contradictorio, diría yo incluso, porque hasta el mismo concepto de “Naturaleza” es un producto cultural y sometido, por tanto, a las variaciones conceptuales que trae consigo el tiempo con sus corrientes y contracorrientes ideológicas. ¿Qué es lo natural? ¿Existe siquiera lo natural? ¿Es coherente contraponerlo a lo cultural? ¿Es siquiera lo opuesto de lo artificial? Veamos: ¿es el hombre una criatura natural? Si lo es, y si la civilización es como parece ser el desarrollo espontáneo de su ser de hombre, ¿cómo podríamos considerarla antinatural, o no natural, o artificial? ¿Es menos natural un edificio que un hormiguero o el nido de la golondrina, la carne en lata que la carne que la araña conserva en un capullo cuidadosamente tejido para la hora de su festín...?

    El activismo ecológico, en su esfuerzo por salvar la Naturaleza —sea lo que sea eso de la Naturaleza, y para muchos no es más que la difusa representación imaginativa de una escena bucólica contrapuesta a los feroces humos del asfalto—, parece demonizar la civilización humana... que sigue siendo Naturaleza, aunque de otro orden. Pero sólo parece que lo haga: en realidad, la Naturaleza que pretende es una Naturaleza a la medida del hombre, una Naturaleza que dé belleza y respiro al hombre, con todas las especies de hoy, y las de ayer incluso, conservadas como en un gran museo viviente terráqueo. Una gran colección de seres vivos cuya contemplación nos ayude a expiar nuestra culpa de insaciables depredadores, extasiándanos cada vez que a un pobre bicho casi extinto (decorativos linces antes que irritantes moscardones) lo obligamos a renacer en cautividad en un mundo detestable hecho a la medida de nuestras manías y caprichos.

    Es un hermoso sueño. En lo que a mí respecta, me encantaría ver cambiada esa cosa patética de Port Aventura, cerca de aquí, por el Parque Jurásico y despertarme un día de madrugada para ver a un Tiranosaurio Rex huido bebiéndoseme el agua de la piscina. Es un hermoso sueño... para los optimistas del humanismo, los que creen que el ser humano merece el paraíso en la Tierra.

    Hay otro modo, y no menos ecológico, de pensar. Ya lo sugería Lovelock en su Gaia, A New Look at the Life on Earth: la aniquilación del virus más pernicioso que haya sufrido Gaia: el ser humano. En la economía del universo, la destrucción del ecosistema humano no sería más que el paso de un dios galáctico pisando el hormiguero terrícola. La vida de Gaia quedaría latente unos siglos acaso, sumida en un sueño reparador, mientras la Naturaleza universal seguía su curso evolutivo impertérrita, intocada, impoluta y regia. Con el tiempo Gaia despertaría nuevamente, curada de su cáncer humano, dispuesta a una nueva y bella creación. .

    Es una pesadilla, cierto... pero sólo para el hombre, que es la pesadilla de todo lo demás.

05 julio 2005

¿Ser humano?

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Sin duda, a la humanidad se le está olvidando lo que debería significar "ser humano". En cualquiera de los enlaces que aparecen en esta página se puede comprobar.

Unas muestras a continuación ...

Darfur1    Nios1

Darfur2    Nios2