Cuando el Caballero del Ojo Turquesa atravesó el horizonte del tiempo, su mirada refulgente se perdió en el Abismo de la Duda.
Cuando el Caballero de la Sombra quiso ahogar su desasosiego en el Negro Mar de la Tiniebla, su oscura mirada se perdió en el Abismo de la Duda.
Allí, en la Sima del Dolor, sus ojos, cuatro rayos como de sol incandescente, midieron sus fuerzas en amoroso combate.
El Caballero de la Sombra lanzó su luminosa oscuridad y preguntó al Caballero del Ojo Turquesa:
- Tú, que eres la Sabiduría, ¿por qué deseas habitar en la Duda?
- No habito en el Abismo, sólo he instalado en él mi campo de batalla.
- ¿Contra qué objetivo van dirigidas tus armas?
- Contra tu Oscuridad.
- Y ¿cuál es tu recompensa?
- Recuperar la Luz de tu Sombra. Alguien quiere que de nuevo luzcas tu estandarte.
- Tal vez yo ame la Oscuridad y desee fundirme en ella.
- Sólo aquel que no desea pertenecer a la Luz fracasa. Y tú le perteneces.
- ¿Todavía me recuerda la Luz?
- Su memoria es infinita pero aunque así no fuera, cada día sin excepción recibe plegarias en tu nombre.
- ¿Quién es tan estúpido como para orar por mí que soy ya la Oscuridad?
- Di mejor, ¿quién me ama tanto que eleva sus plegarias en mi nombre a pesar de que yo me complazco en enfangarme en lo que yo creo que es la Oscuridad?
- Y bien, ¿quién me ama tanto?
- Tus compañeros de armas.
- ¡Mis pobres compañeros! ¿Quién si no ellos podría ser? Ni siquiera puedo recordar sus rostros.
- Ese es el primer paso para remontar el Abismo.
- No puedo verlos en esta Oscuridad.
- Recuerda que he venido a ayudarte, pero necesito también tu Luz para hacerlo.
- He perdido la Fuerza y la Paz.
- Nada es irrecuperable. Invoca la Fuerza, mira hacia la Luz.
- ¿Cómo hacerlo?
- Tú sabes cómo. Recuerda cuántas veces le has hablado a tu Dama de ello. Ella está ahora defendiendo tu puesto en el campo de batalla.
- Ya no recuerdo ese campo, ni su nombre, ni su color, ni su rostro. Pero sí recuerdo a mi Dama, mi hada celta.
- ¿Puedes ver su rostro?
- ¡No! Estoy en la Oscuridad, sólo puedo ver ...
- Luego ... puedes ver algo, ¿qué es?
- He creído ver un pequeño punto de luz.
- Es la sonrisa del horizonte. Al otro lado está la Luz. De allí vengo. Ese es tu campo de batalla.
- ¿Mi campo de batalla está en la Luz?
- ¿Dónde si no? Es más difícil vivir en la Luz que en la Oscuridad. Lo sencillo, lo cómodo, lo fácil es instalarse en el Abismo y permitir que te devore lentamente. Incluso puedes ayudarle compadeciéndote de ti mismo. Y no son esas tus aspiraciones, ni son esas tus luchas, ni es este tu campo de batalla, ni la pereza y la desazón son tus armas, ni la tristeza es tu escudo, ni la compasión y el llanto tus compañeros de armas. Mírate, esto no eres tú. Tu parte más oscura ha creado este sucedáneo de ti mismo, sólo tu debilidad lo alimenta y sólo aquellos que te compadecen le complacen. ¡Mírate! Vuelve tus luminosos ojos hacia este ser oscuro y dime qué sientes.
- Ahora estoy seguro, veo una línea de Luz.
- Es la Línea de la Separación, la Línea del Horizonte. A un lado está la Luz, tu campo de batalla, tus compañeros de armas defendiendo tu estandarte, tus armas, tu escudo, la Fuerza. Al otro lado está la Oscuridad, paraíso del No-crecimiento, de la No-Luz, arrasado campo de batalla. Tú eliges.
- Veo una grieta de Luz, ¿Tiene Ella un Ojo Turquesa?
- Tengo que dejarte aquí. Por el momento mi misión ha terminado. Debo volver al Mar Turquesa, debo defender mi propio campo de batalla. Mis compañeros de armas, como los tuyos, deben estar exhaustos. Voy en su ayuda. Tal vez tú deberías hacer lo mismo.
- Ahora puedo ver sus rostros y mi estandarte y mi escudo y la prenda que me dio mi Dama. ¿Quién es este oscuro ser que parece querer habitarme?
- Sólo tú tienes la respuesta ahora. Nos veremos al otro lado de la Línea del Horizonte. Feliz combate.
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